William Arnold manejó 900 millas desde su casa en Cornwall hasta un teléfono público remoto en la isla de Lewis, en Escocia. Cuando llegó, sacó una bolsa de monedas e hizo 52 llamadas telefónicas. Eso fue suficiente para alcanzar el número mínimo de llamadas necesario para mantener el teléfono en servicio durante otro año.
Arnold es fotógrafo y profesor universitario y se ha interesado en salvar antiguos teléfonos públicos. Su interés comenzó durante un viaje a pie por Escocia. Su iPhone estaba casi sin batería y quería llamar a su novia. Se sintió aliviado cuando vio un teléfono público, pero cuando llegó hasta él, descubrió que ya no funcionaba.
Desde entonces, Arnold busca teléfonos públicos en todos los lugares que visita. En un viaje a la isla de Mull, en Escocia, encontró 21 cabinas telefónicas que todavía existían, pero solo cinco funcionaban. Otras personas también se han unido al esfuerzo. Se llaman a sí mismos "phone spotters" y comparten información sobre dónde están los antiguos teléfonos públicos y si todavía funcionan.
Para algunas personas, las viejas cabinas rojas son más que un recuerdo del pasado. En zonas rurales con mala señal de celular, todavía pueden ser útiles, y los teléfonos públicos pueden ayudar cuando las tormentas interrumpen otras formas de comunicación.
Pero el tiempo se está acabando. La empresa que opera los teléfonos planea reemplazar su antigua red, y no está claro qué pasará con cada teléfono público. Por ahora, Arnold y otros "phone spotters" están haciendo todo lo posible por salvar tantos como puedan.
Source: The Wall Street Journal, "The Quest to Save Rural Pay Phones, 52 Calls at a Time"
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Jackie Linder
Founder of Un Poquito de Spanish
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